Japonesa

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30 de agosto de 2008, Ciudad de Buenos Aires. T’tulo: Una mujer japonesa en el centro. Centro porte–o durante el centŽsimo aniversario de la primera inmigraci—n de japoneses de la isla de Okinawa. Foto Sandra Rojo

En 1886 arriba a Buenos Aires el primer inmigrante japonés, llamado Kinzo Makino, quien fue considerado una leyenda hasta que fue comprobada su existencia. En sus primeros años en el país fue maquinista de locomotora, aunque en los registros de aquella empresa ferroviaria podamos encontrarlo bajo el nombre de Miguel King.

Un poco de historia…

Los primeros en llegar

El primer pasaporte, con la inscripción del Gobierno de Japón, fue para el mago Rogoro Sumidakawa, miembro de una de las tantas compañías circenses ambulantes de fines del Shogunato. La compañía había salido de gira en 1866 a bordo del barco Nipol, junto con un grupo de 14 becarios, enviados por el gobierno de Inglaterra.

En 1886 arriba a Buenos Aires el primer inmigrante japonés, llamado Kinzo Makino, quien fue considerado una leyenda hasta que fue comprobada su existencia. En sus primeros años en el país fue maquinista de locomotora, aunque en los registros de aquella empresa ferroviaria podamos encontrarlo bajo el nombre de Miguel King.

En el año 1900 arribaron al puerto de Buenos Aires a bordo de la fragata Sarmiento, Yoshio Shinya de 16 años y Chujiro Toriumi, de 13. Habían podido viajar, trabajando a bordo de la fragata, como camareros. En 1898 se habían iniciado relaciones diplomáticas oficiales entre Argentina y Japón, por lo cual estos dos jóvenes fueron los dos primeros inmigrantes nipones, luego del comienzo de estas relaciones bilaterales.

Hasta principio de siglo, el número de japoneses era tan reducido que no llegaron a registrarse. En el año 1908 arribaron cincuenta japoneses a bordo del Kasato Marú, un barco que venía de Brasil. En este año está registrada la llegada de los primeros okinawenses.

¿De dónde vinieron?

Okinawa es una pequeña prefectura de Japón que antiguamente era un reino independiente, el reino Ryukyo. En 1879 este reino fue abolido y así pasó a ser una prefectura. A principios del siglo XX, el territorio okinawense se convirtió en un monocultivo de caña de azúcar, lo cual empeoró mucho su situación. Durante la Segunda Guerra Mundial se libró, en este territorio, una batalla sangrienta que dejó un saldo de 120.000 muertos. Sumado a ésto, una vez finalizada la guerra la isla fue ocupada por el ejército estadounidense hasta 1972. Éstas, sumadas al escaso desarrollo económico, fueron algunas de las razones por las cuales muchos okinawenses decidieron migrar al otro lado del mundo. La pequeña superficie de la isla les impedía desarrollar actividades agrícolas y como las familias crecían cada vez faltaba más trabajo. Así fue como llegaron a nuestro país y consolidaron su colectividad en nuestra Ciudad. La mayor parte de japoneses que arribaron a la Argentina eran de origen okinawense. Sólo en nuestro país la mayoría es okinawense. Algunos creen que esto se debe a que Argentina fue el único país de migración no institucionalizada, es decir, sin convenios entre países. Como no había convenio, los okinawenses iban a donde ya había amigos o familia.

¿A qué se dedicaron?

Durante los primeros años de vida, de 1914 a mediados de la década del 20´, dentro de la colectividad japonesa predominaron las tareas en las fábricas, la jardinería y el servicio doméstico. También hubo quienes participaron de la construcción del subte. No era un período del todo estable, por lo cual los japoneses se veían obligados a salir a buscar trabajo constantemente. En este momento Buenos Aires ya era una gran Ciudad. Los japoneses que iban llegando se radicaban en barrios como La Boca y Barracas, vivían en conventillos, junto con otros inmigrantes provenientes de otros países próximos al Riachuelo y a las fábricas donde eran empleados.

Algunos lugares recordados por la colectividad por la cantidad de empleados japoneses son: Taller Metalúrgico de Vasena e Hijos (en la calle Cochabamba 3001) donde trabajaban 70 japoneses; Herrería Rocha (calle Rocha 1269) también llamada “Herrería Sugihara” por los japoneses; Fábrica Alpargatas (en Av. Patricios al 700); Frigoríficos La Blanca (sobre la Av. Carlos Pellegrini) y La Negra (fundada en 1891, ubicada sobre la ribera del Riachuelo, donde comienza la Av. Pavón).

A medida que se establecían más formalmente, aumentaron aquellos que se emplearon en tintorerías, en cafés y, en el caso de los que vivían en zonas suburbanas, aquellos que se volcaron a la horticultura y a la floricultura. Estas cuatro actividades fueron las que posteriormente fueron las de mayor relevancia para la colectividad en la época de preguerra.

Entrada la década del 20, comenzó a verse en los coches de Buenos Aires, cada vez más chóferes japoneses. Se registró un gran incremento de choferes de taxi a tal punto que en 1920 se fundó la Asociación de Chóferes Japoneses de Automóviles en Argentina.

¿Donde se establecieron?

Los barrios donde se fueron estableciendo los japoneses en el período inicial fueron La Boca y Barracas. Las familias más adineradas se mudaron a la zona Norte debido a la fiebre amarilla. De esta manera, los barrios que bordean al Riachuelo se convirtieron en barrios de inmigrantes venidos de diversas partes del mundo, y de clase obrera. Por otro lado, en el barro de La Boca, había una Iglesia Evangélica que los contenía y los integraba a la sociedad. Era un espacio de contención para todos los inmigrantes que provenían de distintas puntas del mundo.

Los japoneses que habían llegado a Buenos Aires en la primera década del siglo XX, habían venido desde Brasil y Perú, a bordo del Kasato Maru y del Ryojun Maru. Los primeros sitios donde se instalaron fueron los conventillos, a los cuales ellos mismos llamaban gunkan-nagaya, por las chapas galvanizadas con pequeñas ventanas que lucían como los barcos de guerra, o por las ropas tendidas en los aleros de las viviendas que flameaban como las banderas multicolores de aquellos barcos.

En cualquier lugar donde se establecieran japoneses, habían cosas que no faltaban: el Shoyu y el miso. A medida que los japoneses crecían como colectividad, comenzaban a aparecer comercios que vendían los productos con los cuales se prepara la comida japonesa. Algunos de los negocios más recordados son: Almacén Tomizaki, Casa Murakami, Despensa de Miyashiki, almacén Nishizaka, almacén Fukuda, Garaje Nipón, Sastrería Katayama, Café Mikado y Café Japan.

Ya en las décadas del 20 y el 30, los japoneses residentes en la Ciudad de Buenos Aires se fueron estableciendo en cafés y tintorerías. No era conveniente desarrollar este tipo de actividades en un barrio concentrado, sino que era más conveniente expandirse y alejarse de la competencia. Es por esta razón que no hay un barrio específico donde localizar a la colectividad, sino que por esta razón fueron dispersándose por los distintos barrios de la Capital.

Vida institucional

Asociación Japonesa

El 13 de agosto de 1916 se creó la Asociación de Jóvenes Japoneses en la Argentina, asociación que agrupaba a los jóvenes intelectuales, por iniciativa de Zenuemon Daigushi y las adhesiones de Kenichi Matsuki, Toshitaro Kakuda, Shikichi Sagara, Nobukiyo Nakanishi y Shigetada Shinada. Esta asociación creó la base para la posterior creación de la Asociación Japonesa en la Argentina. En agosto de 1917, un año después de su creación, se decidió modificar el nombre de la agrupación.

La nueva denominación fue: Asociación Japonesa en la Argentina. Para el cargo del presidente había sido propuesto Zenuemon Daigushi, pero como estaba con problemas de salud, recayó en el secretario Kenichi Matsuki, que fue turnándose con Shukichi Sagara, Kenkichi Yokohama y Shigetada Shinada. En la década del 20, la sede fue fijada en la calle Ituzaingó 986.

La Asociación llevaba a cabo tareas como la mediación para el empleo, la receptoría de correspondencia y la escuela nocturna de castellano, lo cual reflejaba las necesidades de asistencia que los japoneses requerían de las organizaciones sociales. Se decidió publicar la revista Los Nipones, y Yoshinobu Amano fue quien asumió la responsabilidad de la edición quincenal. A pedido de la Legación Japonesa, en 1921 se decidió la integración de la AJA con la Asociación Prefectura de Kagoshima, la Asociación Prefectura de Okinawa, y el sindicato de trabajadores que se había formado en la Herrería Rocha.

Centro Okinawense

Otra de las instituciones más importantes de la colectividad japonesa es el Centro Okinawense: es la institución representativa por excelencia de la colectividad okinawense dentro de la colectividad japonesa en Buenos Aires. El Centro fue construido con el esfuerzo de la colectividad local y del gobierno japonés, que al igual que el Jardín Japonés, se construyó como agradecimiento a la sociedad argentina por abrirle las puertas a los japoneses.

Hoy en día el Centro Okinawense es utilizado para múltiples actividades. Incluso las escuelas del barrio usan esta central para sus eventos. Más de la mitad de la gente que participa de las actividades y cursos, y que utiliza las instalaciones, no pertenece a la colectividad japonesa.

Nichia Gakuin

El Instituto Nichia Gakuin fue fundado en 1929, como el Instituto Privado Argentino Japonés. Formaba parte de lo que era la Asociación Japonesa, en la calle Patagones al 840. Con sus 80 años de trayectoria el colegio, actualmente situado en Yatay 261, es reconocido por su gran diversidad. Con el correr de los años dejó de ser un colegio de la colectividad para pasar a ser un colegio abierto de tres niveles (inicia, primario y secundario) para chicos de todas las religiones y colectividades, lo cual aporta al fomento del respeto y la tolerancia entre pueblos.

Esta institución, que se ha convertido en un referente de la colectividad japonesa, desarrolla una educación cultural, artística y tecnológica, en un marco multicultural fiel a su estilo y objetivo institucional, que fusiona el sistema educativo argentino con aportes y conocimientos propios del japonés, logrando de esta forma un enriquecimiento mutuo entre ambas culturas.

Medios Gráficos Japoneses

A lo largo de la historia de la colectividad japonesa, hubo varios diarios locales editados en idioma japonés, dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Desde un primer momento se hizo fundamental para estos inmigrantes, poder comprender la información difundida. Los diarios de la colectividad no sólo eran editados en idioma japonés sino que también informaban acerca de Japón, sus noticias políticas y económicas, la situación de la colectividad en Argentina, etc. El primer periódico en idioma japonés fue editado en abril de 1915, por Sanjiro Marui, se llamó El Semanario Bonaerense y fue impreso mimeográficamente. Este había llegado en 1904 junto con Taifu Furukawa, a través del programa “practicantes de ultramar”. Otro japonés que cabe destacar en este sentido es Sugimoto, fundador del periódico Buenos Aires Shukan. El Aruzenchin Jiho, antecesor de La Plata Hochi, apareció el 25 de mayo de 1924, fecha aniversario de la Revolución de Mayo. Su presidente fue Tsutomu Mizuno y Jibutsu Iwamoto su jefe de redacción.

El 11 de noviembre de 1926 fue fundado el Semanario Japonés de Buenos Aires, periódico de impresión mimeográfica cuyo dueño era Kenkichi Yokohama, y que estaba presidido por Jusaburo Sugimoto. Desde mediados de 1920 hasta los primeros años de la década de 1930, competían entre el Aruzenchin Jiho y el Semanario de Buenos Aires.

A mediados de esta década surgieron sucesivamente varios periódicos en idioma japonés, como por ejemplo el Nichia Jiji de 1934, presidido por Yasuhiko Niimura.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Argentina reconoce a Japón como país enemigo. En este momento se suspenden los diarios japoneses. Después de mantener una larga neutralidad, el 27 de marzo de 1945, la Argentina le “declara la guerra” al Japón. A partir de entonces se abrió un período de silencio de aproximadamente dos años hasta la reaparición de los periódicos.

Diarios y Revistas actuales

La revista de Cultura Japonesa Alternativa Nikkei contiene toda la información cultural de la colectividad japonesa. En esta revista es posible encontrar datos útiles, desde una guía de restaurantes donde se puede comer rica comida japonesa, hasta contactos para estudiar todo tipo de disciplinas relacionadas a esta cultura. Ahora es posible leerla online (http://www.comunidad-nikkei.com.ar, Medrano 1232. Tel: 4867-3834 de 14 a 19 hs. alternativanikkei@yahoo.com.ar( alternativa.nikkei@gmail.com.

Otra de las alternativas online es “Urbanikkei” el portal de la cultura japonesa en Argentina (www.urbanikkei.com.ar). Allí es posible encontrar artículos acerca de cualquier tema de interés relacionado a la cultura japonesa.

En cuanto a los diarios de la colectividad, en un comienzo hubo dos. Actualmente hay uno solo, “La Plata Hochi”, que desde 1948 se edita semanalmente, una vez por semana en castellano y 3 en japonés.

Aportes a la cultura porteña

Comercio y precursores

Desde el momento en que a los barcos de España y Portugal se les permitió el ingreso al puerto de Nagasaki, comenzaron a conocerse antiguas piezas de cerámica, laca, pinturas, sedas y todo tipo de objetos de arte de Japón y China que hasta el momento eran desconocidos en nuestro país. Los objetos orientales eran muy valorados por las clases altas tanto europeas, como también las de las colonias sudamericanas.

Carlos Mayer y Damicco fueron los primeros argentinos que, en 1885, visitaron Japón con el objetivo de comprar obras de arte y antigüedades locales. A su vuelta trajeron todo tipo de piezas, lo cual los impulsó a abrir un negocio que fue famoso por la venta de cerámica, laca, utilerías marciales, pinturas japonesas, tejidos de seda y todo tipo de artículos japoneses. El nombre del local era Dai-ichiban.

Otro negocio similar fue el de Bumpei Takinami, uno de los primeros diez japoneses en arribar a la Argentina. Si bien no era absolutamente residente argentino, este “hombre de negocios” tenía un local en Florida al 644, la Casa Togo, que llevaba el nombre de un importante almirante que participó en la guerra ruso-japonesa. El negocio vendía artículos de almacén, sedas, cerámicas y lacas.

Luego de la apertura de las oficinas de comercio exterior de Bumpei Takinami, a partir de 1917 fueron aumentando los emprendimientos de otros japoneses. Una de las razones fue la notable reducción de importaciones desde Europa, debido a la Primera Guerra Mundial. Fue un gran momento en el que se inició la instalación de grandes y pequeñas empresas comerciales japonesas en nuestro país, de la mano de Mitsui Bussan, entre otros.

Los Cafés

Como dijimos anteriormente, en cuanto la colectividad japonesa estaba bien establecida, se fueron definiendo en dos rubros: los cafés y las tintorerías.

El empleo en un café era una de las alternativas laborales que permitía evitar los empleos en fábricas, en las cuales las condiciones laborales no eran buenas y por otro lado, ser mozo no requería de idioma.

Ya en 1910 el Café Paulista era una cadena de cafés que contaba con 20 sucursales en Buenos Aires. Muchos de sus mozos luego abrieron sus propios cafés por el país, dentro de los cuales encontramos algunos japoneses. En el año 1917, todos los miembros del café Paulista eran japoneses, y para identificarlos los numeraban. Seijitsu Chinen, de Okinawa, junto con Sukejiro Yamanaka, Tokuji Yasuda y un egresado de la escuela Waseda, Shinsuke Ito, estableció el primer café de japoneses en la Argentina. En 1912, Yamanaka y Yasuda fundaron el café Mikado en la calle Bolívar 1422. Un mes mas tarde, Kiyoshi Fukuhara y Toshimi Takeda inauguraron otro café, el Yamato, en la esquina de Junín y Cangallo. Lamentablemente ninguno de estos dos cafés duró más de un año. La suerte debió esperar hasta 1914, cuando un grupo de japoneses volvió a intentarlo.

Los hermanos Kaihara, con una previa experiencia en cafés, instalaron un lujoso local frente al palacio de Tribunales, en Lavalle 1388. También se dedicaron a la importación directa del café desde Brasil, así como su distribución y venta mayorista. El Café fue llamado Café Tokio. Era administrado por Katsuji Iría, a quien se le unió su hermano mayor Shoroku, y su hermano menor Jishichi. El pionero café Tokio fue trasladado a un local más grande, a pocos metros del original. Además establecieron dos sucursales próximas en la Ciudad e intentaron expandirse a otros lugares, pero este proyecto fracasó rápidamente.

Uno de los cafés más recordados dentro de la cultura argentina fue El Japonés, donde tenía sede oficial el grupo literario Boedo. En la ilustración de tapa de Boedo y Florida, pueden leerse nombres ilustres del grupo reunido en El Japonés. Uno de los destacados es Roberto Artl, quien es para muchos el creador de la novela moderna argentina. En un momento de su obra Los Siete Locos, publicada en 1929, el protagonista entra al café El Japonés, y hace una curiosa descripción de personajes.

En la esquina de San Juan y Boedo, a escasos metros de aquel café, hubo otro importante para la cultura popular. Aníbal Lomba señaló que a mediados de la década del 30´, los japoneses que habían adquirido el café Del Aeroplano lo rebautizaron con el nombre de Café Nipón, nombre bajo el cual continuó operando hasta 1947. Se dice que fue en una de sus mesas donde Homero Manzi le dio vida a la letra del tango Sur. Posteriormente fue conocido con el nombre de Café Canadian. También estaba el Café Kyoto en Corrientes esquina Castelli, local donde se instaló la oficina de la Asociación del Gremio de Cafés.

En este momento había unos 60 cafés en todo el país de los cuales 20 eran japoneses y estaban en la Ciudad de Buenos Aires. La crisis del 30, la poca disponibilidad de mano de obra, a desmesurada competencia y el incremento del capital inicial necesario para abrir un café, fueron razón de la decadencia de aquellos grandes cafés de la época dorada. Otros factores también contribuyeron, como por ejemplo el estallido de la Guerra del Pacífico y el advenimiento del peronismo al poder en 1946, hicieron que muchos cafés desaparecieran o debieran amoldarse al paso del tiempo, reduciendo sus dimensiones, haciéndola más familiar, adaptando su forma de servicio y cambiando sus nombres por nombres en castellano. A partir de este momento, luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, el café dejó de ser sinónimo de “japonés”.

En el año 2009, el Café Bar “El Tokio” ubicado en la Avenida Alvarez Jonte al 3550 en el barrio de Villa del Parque, fue declarado Sitio de Interés Cultural de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El 25 de febrero del 2009 se puso una placa de bronce que dice: “CAFÉ-BAR “EL TOKYO” fundado el 23 de Abril de 1930, símbolo de la tradición porteña. Declarado Sitio de Interés Cultural. Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 25 de febrero, 2009”.

Las Tintorerías

Hatsutaro Kotani y Tsuta Nakamura fueron las primeras japonesas que iniciaron el negocio de tintorero en la Argentina. Kotani abrió su tintorería en la calle Ituzaingó al 634, barrio de Barracas. Ambas venían de Brasil con sus sueños frustrados y pusieron sus tintorerías en 1912. Estas fueron las primeras dos tintorerías de la Ciudad de Buenos Aires. Según El Semanario Bonaerense de 1919, la tintorería de Tsuta Nakamura estuvo sobre Lavalle 418.

En la década de 1910, muchos japoneses se dedicaban al servicio doméstico y se estima que ello contribuyó a formar la base para impulsar el negocio de las tintorerías. Por otra parte, el trabajo de tintorero era un oficio que no requería un gran dominio del idioma, ni exigía instalaciones costosas, ni alta capacitación técnica. Permitía el trabajo en familia y obtener dinero al fin del día. Hay quienes dicen que estas son las razones por las cuales la Tintorería se hizo tan popular en la colectividad japonesa, pero lo cierto, sumado a esto, fue que los primeros inmigrantes encontraron la veta y se fue “corriendo la bola” de que se podía trabajar de tintorero y vivir bien.

La colectividad fue pasándose el oficio y así, llegada la década del 20, las tintorerías crecían sin cesar. La tendencia a volcarse a este rubro se hizo más pronunciada entre los inmigrantes japoneses arribados en la posguerra. Entre las más conocidas estaba la de Kametsuchi Seo y Koremitsu Miyasaki. También estaba Nueva Nipón, frente al teatro Cervantes, de Tsunejiro Higashi; El Yamato, de los hermanos Kametsuchi y Wataro Seo; Japonés de Toichi Kusumoto; El Tokio de Koremitsu Miyasaki; Lavandería y Tintorería Belgrano, de Minetaro Hanamoto. Como podemos ver, los nombres utilizados siempre hacían referencia a Japón.

Según un censo realizado por la embajada japonesa en la Argentina en 1953, frente a las 115 familias japonesas dedicadas a la explotación de cafés, 692 familias tenían tintorerías, lo cual la convierte en la profesión japonesa urbana por excelencia.

En 1935 la Delegación Argentina de la Asociación del Exterior de la Prefectura de Okinawa publicó una revista conmemorativa titulada Nankyo. En ella había una detallada nota sobre la situación de las tintorerías de los okinawenses de la Capital Federal. La mayor cantidad de tintorerías se encontraba en el barrio San Nicolás, después le seguían Balvanera y Montserrat. En el año 1948 se realizó una reunión en la Asociación Japonesa en la Argentina (AJA), propuesta por una Cooperativa de Tintoreros. Esta Cooperativa tomó forma un año después, obteniendo el reconocimiento por parte de la Policía Federal como la Cooperativa de Tintoreros del Gran Buenos Aires. Esta entidad tenía como objetivo la protección y el beneficio de las pequeñas y medianas empresas, reunía a 103 afiliados y estaba ubicada en Tacuarí 1845.

Horticultura y Floricultura

El año 1910 marcó el comienzo del desarrollo de la horticultura por japoneses en tierras argentinas. Fue cuando Hamakichi Yoshida, Jota Saito y Hideo Oda, arrendaron un terreno en Tristán Suárez, al sur de Buenos Aires. Cultivaron repollo, papa, coliflor, zapallo y batata; cosechas que eran transportadas, en carros tirados por caballos, unos diez kilómetros hasta la ruta nacional.

Uno de los pioneros que trabajó por fomentar la horticultura entre los japoneses, y que dedicó parte de su vida a actividades para la comunidad, fue Kurajiro Ishikawa. En 1915, junto con Yoshizo Suzuki, Miyao Watanabe y Gengo Iwazumi, alquiló un terreno cerca de Adrogué, donde cultivaban hortalizas que luego llevaban a las ferias de Barracas y Banfield, donde eran vendidas al por menor.

Los japoneses cultivaban diversos tipos de hortalizas, las transportaban en carros tirados por caballos y las vendían al por menor en las ferias. Las quintas eran pequeñas, e iniciarse en esta tarea era sumamente fácil. Sólo se necesitaba arrendar la tierra, tener dos o tres caballos y adquirir los implementos agrícolas, el arado y las azadas. Después del gran esfuerzo que implicaba cultivar las hortalizas, estaba el de llevar el producto al mercado. Utilizaban carros y de cinco a seis caballos, pero en los días de lluvia, el camino se hacía intransitable, el carro quedaba atascado en el barro, pero las hortalizas debían ser vendidas. Para el traslado de mercaderías al Mercado Central de Buenos Aires, las cargas debían prepararse el día anterior. Era un trayecto de ocho a diez horas.

Lentamente se fueron modernizando. Con el empedrado, fueron gradualmente mejorando los caminos que conducían a Buenos Aires. Para 1933 existían casi 150 quintas de japoneses en los suburbios de la Capital Federal, y los asociados de la Cooperativa de Horticultores eran 101. La mayoría se había iniciado después de 1929. Este es el período en que la horticultura atrajo a los inmigrantes japoneses.

Con el aumento de horticultores, se crearon también las cooperativas. El 6 de enero de 1924 en la quinta de Koro Nakandakare, en Florencio Varela, se formó la Comisión de Fundación de la Cooperativa. Con el tiempo, este rubro pasó a ser una de las principales ocupaciones de la colectividad japonesa en tiempos de posguerra. La Cooperativa Platense de Horticultores, vendía sus productos en el mercado de Abasto y Dorrego, dentro de la Capital Federal, y en el de Avellaneda. Para mediados de siglo, unos veinte horticultores llevaban sus productos al Mercado de Abasto.

La Floricultura

Dentro de las actividades domésticas que realizaban muchos japoneses, una tarea era la de jardinero. Este oficio podría pensarse como antecedente al desarrollo de la floricultura. A pesar de sus limitaciones en cuanto al idioma, los japoneses adquirieron un dominio sobre el oficio y así constituyeron la base de la floricultura. Se iniciaron en este rubro por cuenta propia.

Si bien esta actividad nace diez años después del desarrollo de cafés y tintorerías, su creciente prosperidad constituyó una gran fuerza motriz para el progreso de la colectividad.

En 1919, Nombra y Oda comenzaron con el cultivo de flores en exteriores para la venta de crisantemos, dalias y rosas a ferias o florerías. Algunas personalidades que deben citarse en el desarrollo de la floricultura son Shigeru Takaichi y Kuhei Gashu. Ambos tenían previos conocimientos del cultivo anteriores a su llegada a la Argentina.

Podría decirse que el Jardín Botánico fue la cuna de los floricultores japoneses. Takaichi había seguido el camino de la floricultura motivado por los trabajos realizados en el Jardín Botánico. En 1919, Shigeru Takaichi, Kohei Shibahara y Rikita Saito, se asociaron para iniciar un vivero en Pedro Goyena 1374, Capital Federal.

En 1921, Shigeru Takaichi disolvió la sociedad e inició su jardín japonés en la calle Orán 1681, y más tarde se trasladó a la calle Hidalgo. En esa época Takaichi había iniciado el cultivo de variedades orientales, como la dalia japonesa, y especialmente, la denominada “bandera japonesa”, que tuvo una buena aceptación del público. Por su lado, en 1921, Kuhei Gashu y Kazuyoshi Tanaka iniciaron en sociedad el Jardín Meiko. Contra la política oriental de Takaichi, Gashu y Tanaka dedicaron sus esfuerzos a cultivos occidentales como la rosa en maceta. Este estaba ubicado en Cabildo 370, Buenos Aires.

En 1922, Kohei Shibahara y Shigeru Takaichi abrieron La Florería Japonesa, en la calle Tucumán 1126, en las proximidades del Teatro Colón. A su vez, Kuhei Gashu construyó en 1922 una vidriera que tenía una superficie cubierta de 350 por 600 centímetros, con vidrios y sin calefacción. Este fue el primer paso hacia los grandes invernáculos. Asimismo, se introdujeron diversas variedades de flores.

Takaichi comenzó en 1922 el cultivo del gladiolo y el del ciclamen, en 1924. Kojiro Nakajima, en 1925, el cultivo del clavel en invernáculos de vidrio, y Kuhei Gashu, en 1928, las pruebas de cultivo del clavel de cuatro estaciones. Pese a este desarrollo de la floricultura entre los japoneses, casi todos los jardines de floricultura se realizaban en pequeños baldíos de la Capital Federal.

Hasta mediados de dicha década no existía un mercado en donde se comercializaran las flores cultivadas. Los japoneses se tomaban el trabajo de transportar las flores recién cortadas en ferrocarril y recorrer las florerías de la Ciudad, superando las dificultades generadas por la falta de conocimiento del idioma. Sin embargo, las grandes florerías encargaban ejemplares a los experimentados, que tenían jardines bien instalados y flores cultivadas.

Con el tiempo fue aumentando la demanda y las florerías comenzaron a realizar las transacciones en horas de la madrugada, esperando en la estación la llegada de los trenes que traían a los cultivadores. Así es como frente a la plaza de la estación Retiro, que era la entrada norte de Buenos Aires, se abrían las primeras ferias. Esto, alrededor de 1925.

Los cultores del ramo tienen el mérito, entre otras cosas, de haber creado Argentina de Floricultores y el Mercado de Flores en la Capital Federal, sistematizando la actividad desde la producción hasta la venta. La Cooperativa Argentina de Floricultores fue fundada el 19 de noviembre de 1940 por un grupo de treinta y dos cultivadores de origen japonés.

Actualmente se producen tanto flores tradicionales como el clavel, la rosa, el crisantemo y el gladiolo, como también se producen otras flores como lisianthus, lilium, aster, jazmín, limonium, freesia y azucena. Esta Cooperativa tiene un gran reconocimiento internacional, es por ello que sus flores son requeridas por los mercados nacionales e internacionales (http://www.floricultores.com.ar).

La Federación de Cooperativas de Floricultores, conformada a principios de la década del 30, con Shigeru Takaichi como presidente, pasó a llamarse Cooperativa de Floricultores de Nippar en 1941. Al año siguiente, se incorporaron productores argentinos, italianos, portugueses y españoles, y debido a los tiempos que se vivían (se atravesaba la Segunda Guerra Mundial) se suscitó la necesidad de mudar nuevamente el nombre y pasaron a ser la Cooperativa de Floricultores de Buenos Aires.

Paralelamente se creó el Club Nippar, a fin de estrechar lazos sociales entre los colegas japoneses. La Segunda Guerra Mundial fue una de las razones para su creación. La situación de la colectividad era incómoda. Se hallaban bajo vigilancia por ser nativos de un país enemigo, por lo cual tenían prohibido trabajar como organizaciones formales. Comenzaron a organizarse en secciones vecinales, a fin de hacer circular la información emitida por Nippar una vez por semana a través de un boletín. Esta era la única forma que tenía la colectividad para estar comunicada.

El nuevo Mercado

Luego de permanecer año pagando una renta y tras una orden de desalojo, los productores japoneses creyeron indispensables la construcción de un Mercado de Flores propio. Se realizó una reunión secreta en la que se debatió dónde sería apropiado construirlo. Muchos lo preferían cercano a la Estación Retiro, recordando la época del mercado al aire libre, pero como allí no había ningún lugar apropiado se terminó eligiendo un terreno en donde había funcionado la empresa “La Unión”, sobre la Avenida Corrientes al 4000. Aquel lugar estaba próximo al cementerio de La Chacarita, por lo que implicaba un gran consumo de flores en un lugar céntrico de la Capital, favorecido por sus condiciones de acceso.

Desde principio y hasta gran parte de la segunda mitad del siglo XX, las actividades mencionadas, predominaron la vida de la colectividad japonesa. Según un relevamiento realizado por la Embajada Japonesa, hasta el año 1969, el 80 por ciento del total de la colectividad, se desempeñaba en estos rubros. A los 11.700 de las tintorerías y los 4.700 de la floricultura seguían los 2.230 del rubro “Agricultura”, que se presume que en su gran mayoría se dedicaban a la horticultura, si bien el estudio hace la salvedad de que de incluye en él el sector “Forestación”.

Botones Yamada

La sociedad de los hermanos Yamada, fue una de las empresas nikkei de preguerra que continuaron y sobrevivieron la guerra. La fábrica argentina de botones Yamada era reconocida por su actividad de importación de diversos artículos, especialmente botones de nácar y las conocidas “Lámparas Yamada”. El edificio de Yamada S.A. se hallaba en Moreno 2037, Buenos Aires.

Por su parte, el Grupo Industrial Tsuki comenzó a competir en la importación de porcelana traída de Europa, cuyo consumidor principal eran las clases media y alta. Durante la Segunda Guerra Mundial esta empresa fue incluida en lo que se llamó la “lista negra”, por lo cual fue intervenida por la Junta de Vigilancia y Disposición Final de la Propiedad Enemiga.

Martin Fierro japonés

Okimura, nacido en 1901, arribó a la Argentina en 1927. Esta persona de gran cultura literaria, tradujo al japonés obras maestras de la literatura gauchesca: Martín Fierro y Don Segundo Sombra. Por su parte, Hattori, nacido en 1911, arribado en 1928, fue redactor jefe del Semanario Buenos Aires de la preguerra. Luego de la misma, fue activo colaborador en los periódicos japoneses, escribiendo artículos especializados en economía argentina.

Personalidades destacadas

Hacia fines del siglo XIX, miembros de la clase alta argentina comenzaron a interesarse por el exótico Imperio del Japón. En ese momento había una importante tendencia, especialmente en Europa, al “japonismo”.

De la gente destacada en la difusión de la cultura japonesa se debe destacar a Yoshio Shinya, el primer inmigrante que recién llegado y con apenas 16 años se dispuso a estudiar castellano y comenzó a mandar informes a los diarios de ambos países en sus respectivos idiomas. Entabló una estrecha amistad con el almirante Manuel Domecq García, quien convertido en un gran simpatizante del Japón y uno de sus principales divulgadores, fundó junto con Shinya, el Instituto Cultural Argentino-Japonés, en 1933, con él como presidente y el segundo como secretario.

Otro inmigrante que se destacó en la difusión cultural fue Kenkichi Yokohama. Nacido en Kyoto, llegó la Argentina a los 20 años, en 1912. A los 25 años abrió su local La Maison Satsuma, de antigüedades y artículos orientales, en la calle Carlos Pellegrini 173. Fue también fundador y primer presidente de la filial argentina de la escuela Urasenke de ceremonia del té y asesor del Museo de Arte Decorativo y del Museo Nacional de Arte Oriental.

El famoso pintor Tsuguharu Fujita llegó en 1932 conmocionando al ambiente artístico nacional. Permaneció un tiempo en el país, expuso, pintó y vendió numerosos cuadros, además de obsequiar varios a miembros de la colectividad, agradecido por el afectuoso trato que le dispensaron durante su estadía. La Asociación Japonesa en la Argentina (AJA) mediante una colecta adquirió su obra “Tres Gatos”, la cual fue donada al Museo Nacional de Bellas Artes. Ese mismo año de 1932, Hachisaburo Iwasa se convirtió en el primer expositor japonés en el Salón Nacional de Bellas Artes al resultar elegidos dos de sus óleos.

El Instituto de Intercambio Cultural contaba con el apoyo de la Embajada del Japón, y el nisei Roberto Kazuya Sakai, encargado de área cultural en la delegación diplomática, desplegó una incansable labor.

Son muchos los japoneses que deben ser destacados en este aspecto por su esfuerzo realizado. Desde principios de 1953, Koichi Komori y su hermano, Shigekazu Shimazu, entonces secretario de la Cámara Japonesa de Comercio en la Argentina, y Takeshi Ehara, comenzaron a trabajar en la publicación en castellano de literatura japonesa. Crearon la editorial Ko-shi-e, nombre formado por las primeras sílabas de sus apellidos.

En el campo de las artes plásticas, la agrupación Sogensha -que existía ya desde la época de la guerra- fue disuelta para dar lugar a la Agrupación Japonesa de Artistas Plásticos.

En lo que respecta a la salud, puede decirse que los japoneses influyeron de forma significativa en la inclusión de las terapias de contacto manual, como son los Quiroprácticos. Estas terapias suelen ser llamadas “terapias alternativas” y su difusión amplía las posibilidades de tratamiento, lo cual es altamente beneficioso para nuestra sociedad. Por otro lado también hay personalidades destacadas en el campo de la Medicina.

El jardín como arte

El jardín japonés fue construido en 1967, durante el gobierno del general Juan Carlos Onganía, en conmemoración de la visita al país del entonces príncipe heredero Akihito y la princesa Michiko, actuales emperadores. El predio cedido para ello fue un predio del Parque Tres de Febrero, en Palermo, alrededor del farol de piedra donado por la colectividad para el 150° aniversario de la Revolución de Mayo. Eisaku Iino fue el titular del comité encargado de su construcción.

La obra a cargo del paisajista Luis Ichiro Yamada, fue concluida el 17 de mayo y luego fue donada a la comuna metropolitana. El jardín fue construido teniendo en cuenta todos los detalles japoneses. No faltaron las caídas de agua, los puentes arqueados, los techos de estilo oriental, los lagos y las islas. En 1978, la AJA entonces presidida por Bunpei Uno, decidió que se ampliaría y remodelaría el Jardín Japonés, que se encontraba en un estado de total abandono. Esta obra formaría parte de la conmemoración del 60 aniversario de la fundación de la entidad. La Dirección de Parques y Paseos de la Municipalidad se encargó de la cesión de materiales, plantas y árboles, como también de la fuerza de trabajo necesaria para su reconstrucción. Una vez finalizada la obra pasó a ser patrimonio de la comuna metropolitana, pero durante 20 años su cuidado quedó a cargo de la AJA. Las obras del Jardín fueron subsidiadas por instituciones del Japón (especialmente la Asociación Conmemorativa expo Osaka ´70), la Fundación de Confraternización Mesiánica Internacional, el famoso arquitecto Kenzo Tange que interesado por la obra se ofreció a donar 200.000 dólares además de encargarse del diseño del portón principal y el monumento conmemorativo.

El ministro de Relaciones Exteriores Sunao Sonoda, plasmó el monumento conmemorativo con la inscripción “Al sudor del inmigrante japonés”. El monumento, obra de Hitoshi Miyawaki, consistía en un bloque de piedra extraído del fondo del río simbolizando haber sido lavada por el sudor. En el año 1986, para el centenario de la colectividad japonesa en nuestra Ciudad (a los 100 años de la llegada del primer inmigrante, en 1886) la colectividad donó el Jardín Japonés a la Municipalidad de Buenos Aires como símbolo de agradecimiento a la sociedad por haberle abierto las puertas a su colectividad.

Por otro lado, para el Centenario de la inmigración japonesa en el país, se construyó la Casa de Té, típica de Japón, que fue proyectada por el arquitecto Hiroshi Ooe, un especialista en construcción y reparación de templos tradicionales en el Japón. Todos los elementos dentro del parque buscan la armonía y el equilibrio. Todos sus puentes constituyen símbolos. En medio de la inmensa variedad de árboles autóctonos, como la Tipa y el Palo Borracho, es posible encontrar gran cantidad de plantas japonesas como el Sakura, el hacer palmatun, las azaleas y otras. También hay una bella cascada que nos invita a contemplar a los peces carpa multicolores (koi en japonés) que hay en el lago. Existe un mito que dice que éste, como el varón, es el único pez capaz de nadar contra la corriente. Es por eso que en el día del Niño (celebrado el 5 de mayo) las casas suelen adornarse con dichos peces.

Dentro del Jardín Japonés también es posible disfrutar de los más sabrosos platos típicos, en un escenario único en la Ciudad. Una de las especialidades del resturante es el teppanyaki de pollo y el sushi.

Un especialista en paisajismo

Yasuo Inomata, que había estado a cargo de las obras del Jardín Japonés de Escobar y de Buenos Aires, llegó a la Argentina en 1966 convocado por Suejiro Hisaki, en cuya finca trabajó al principio de su estadía. Inomata era un especialista en paisajismo. Su nombre se hizo famoso por las obras de ampliación de la ruta Panamericana y de la Av. General Paz, que circundan la Capital Federal. El objetivo del proyecto consistía en el descongestionamiento de dichas arterias, para lo cual debían eliminarse 2.600 árboles, de los cuales 700 se planeaba trasplantar. Muchas organizaciones de protección ambiental se opusieron al proyecto. Ante esta situación Inomata propuso la aplicación del “tarumaki” (sunchado de barril), tradicional técnica japonesa. La antigua técnica fue aplicada exitosamente como tecnología de punta, convirtiéndose en tema de seminarios y los grandes periódicos nacionales.

Ikebana

A partir de la década del 50 comienza a difundirse el Ikebana. En la Exposición de flores organizada por la Cooperativa Nippar, en 1943, ya podían apreciarse obras de esta disciplina.

Artes marciales

A partir de la segunda mitad del siglo XX, las artes marciales japonesas comenzaron a tener trascendencia internacional, especialmente cuando el yudo fue adoptado como deporte olímpico a partir de los Juegos de Tokio en 1964.

El yudo fue introducido al país por Yoshio Ogata, quien había llegado a bordo de la Fragata Sarmiento, contratado como instructor de arte marcial. El comandante Adolfo Díaz había solicitado un instructor para la Escuela Naval Militar, cargo para el cual fue elegido Ogata como ayudante de Kotoku Watanabe, quien tras terminar su contrato volvió a Japón.

Como arte marcial también fueron llegando el karate, el aikido, jiu-jitsu, kendo, esgrima japonesa. El Karate junto con el yudo, es el arte marcial japonés más difundido. Con respecto al aikido puede decirse que es dentro de todo una disciplina nueva, por lo que comenzó a divulgarse masivamente sólo en la posguerra.

Difusión cultural

El espectacular crecimiento de Japón, especialmente en el área tecnológica, hizo que en el resto del mundo despertara un gran interés por todo lo que estuviera relacionado con él. Esto sumado a la aparición de diferentes programas de estudio hizo que argentinos y niseis comenzaran a interesarse en el estudio del idioma y las costumbres. Frente a esta demanda, comenzaron a aparecer centros de divulgación de la cultura japonesa tanto de issis, niseis, como de argentinos interesados en Oriente. Debe destacarse la actividad desarrollada por el Centro Argentino de Estudios Japoneses (fundado en febrero de 1971), que desde sus inicios brindó clases de laca cerámica, sumie, ikebana, shodo, origami, cocina japonesa, títeres y marionetas, idioma y todo tipo de cursos referidos a la cultura japonesa.

La influencia cultural también llegó al campo académico, especialmente en universidades privadas. En 1966 la Universidad del Salvador creó un Centro de Estudios Orientales por iniciativa de su rector, el padre Ismael Quiles. Al año siguiente este Centro pasó a ser Escuela y se organizó una carrera de grado de cinco años de duración. Para la década de los 70 la Universidad de Buenos Aires abrió unCentro de Estudios Orientales, y hacia fines de esta misma década se inició dentro de la misma universidad, un curso de idioma japonés. Y de a poco muchas universidades se fueron sumando a la lista de espacios para el estudio de la cultura oriental.

A partir de la década del 80, cuando Japón parecía disputarle a Estados Unidos la supremacía económica, se pudo registrar un interés masivo por la cultura japonesa. Mucha gente comenzó a prestarle especial atención a la cocina japonesa, al idioma, a la cultura japonesa en general. Incluso los adolescentes se fueron acercando más a esta cultura a través de las historietas y los dibujos animados. Así como hace cincuenta años muchos descubrían la cultura japonesa a través de las artes marciales, hoy son el manga y el animé los que constituyen esa puerta de ingreso al mundo japonés. Del 17 al 20 de julio del 2009, se celebró en el Centro Cultural Buen Ayre, la primera convención de comic y animé.

Los japoneses y el tango

Rango Fujisawa, dedicada hasta sus 18 años al piano y al canto, vivió en Japón hasta iniciada la guerra, cuando debió huir con su familia a Manchuria. A su regreso debieron enfrentar tiempos difíciles, según le confiesa a Luis Alposta en su libro, El tango en Japón. En 1953 Rango Fujisawa sorprendía al público argentino, llenando de orgullo a la colectividad en la propia cuna del tango. Fue Minoru Matobau quien le enseñó todo sobre el tango. Éste, un fanático del tango, dedicó la mayor parte de su vida a la difusión del mismo.

Nacido a fines del siglo XIX en los conventillos de los suburbios de Buenos Aires, atestados de inmigrantes, el tango llegó a conocerse en Japón a mediados de la década del 20, aunque todavía no era asociado con nuestro país, ya que llegaba a través de los europeos, especialmente de París. El tango ya tenía reconocimiento al otro lado del mundo, lo cual dice mucho de la gran difusión cultural que los japoneses lograron no sólo en la Ciudad de Buenos Aires sino también en su país de origen. Incluso hay quienes reconocen similitudes entre el tango y la música japonesa, ya sea en su contenido, en la temática o en el tono de voz que se usa al cantar.

Hay quienes dicen que el verdadero introductor del tango en Japón fue Tsunami Megata. Luego de haber estado seis años en París, Megata volvió a su país en 1926 con discos grabados de Manuel Pizarro y Ernesto Bianco-Bachicha. Una vez en su país, Megata comenzó a enseñar bailes de salón a la aristocracia japonesa, especialmente tango.

Hacia principios de la década del ´30 ya se iban formando las primeras orquestas japonesas. Entre ellas sobresalieron Sakuraii y su Orquesta, liderada por el violinista Kiyoshi Sakurai, e integrada también por Koichi Sugii, bandoneonista que cantaba los estribillos en castellano.

En 1941, dos películas argentinas llegaron al Japón: La vida es un tango y Puerta Cerrada. Con los años la relación entre Japón y el tango se fue haciendo cada vez más estrecha. Muchos japoneses empezaron a llegar con el objetivo de estudiar tango, su baile, su música. Hasta aparecieron los famosos tours de tango!

En el mundial de Tango realizado en la Ciudad de Buenos Aires, en agosto del 2009, fue precisamente una pareja japonesa la que se consagró campeona mundial de “Tango Salón”. Los esposos Kyoto e Hiroshi Yamao ya habían deslumbrado al público y al jurado en la instancia semifinal, por lo cual se les otorgó una puntuación promedio de 8.65, la más alta obtenida en la competencia. El matrimonio japonés se consagró ganador luego de una final en la que participaron parejas de Rusia, Chile, Colombia, Italia, Francia, México, Uruguay, Venezuela, Rumania, Grecia y Argentina, entre otros. La competencia contó con un show de Chico Novarro acompañado por Julia Zenko y la orquesta dirigida por José “Pepe” Ogivieki. Unos 6.000 espectadores fueron testigos de esta fiesta porteña que celebró bailando la difusión cultural del tango en el mundo.

Enseñanza del idioma japonés

Mantener el idioma en otro país, sobre todo en los niños, no era una tarea fácil. Recién llegados, con jornadas enteras de trabajo, no quedaba tiempo para el estudio del idioma. Era necesario crear institutos especialmente dedicados a la enseñanza del japonés. En 1927, se abrió en la biblioteca de la AJA, el primer curso de japonés en todo el país. El curso comenzó siendo de nada más que cuatro horas semanales, dos años después se habían organizado un régimen de cuatro años llamado Escuela Primaria Japonesa en Buenos Aires, más conocida como Nihon Gakko.

El Centenario Okinawense

En el año 2008, la colectividad okinawense celebró un siglo de vida en Argentina con diversos eventos. El 29 de agosto del mismo año se celebraron en Avenida de Mayo los 100 años de la cultura okinawense, con un desfile artístico del cual participaron distintos grupos de danza, de música y artes marciales, típicos de su cultura.

Amistad argentino-japonesa

En 1991, el Príncipe Takamado y la Princesa Hisako, hicieron una breve visita a nuestro país. En 1997 el Emperador y la Emperatriz de Japón visitaron la Argentina, demostrando el interés y la confianza del Japón por nuestro país. Un año más tarde, en 1998, se cumplieron 100 años de la firma del Tratado de Amistad, entre la Argentina y Japón, motivo por el cual se realizaron distintos eventos conmemorativos en todo el país. En junio de ese mismo año, se firmó en Osaka un Tratado de Amistad con Buenos Aires.

Para celebrar el Centenario de Amistad se realizaron todo tipo de eventos, uno de ellos fue la exposición fotográfica “Los niños en la Tierra”(obra del fotógrafo japonés, Takeyoshi Tanuma).

Barrios, calles, plazas y monumentos

Nuestra Ciudad está llena de historias y significados que hacen referencia a los aportes que han hecho las colectividades. Es por ello que muchas de nuestras calles llevan nombres de personas o ciudades propios de un país. En honor a la colectividad japonesa y a su país de origen, en Buenos Aires existe una calle llamada HIROSHIMA, por la prefectura de Japón en la isla de Honshu, ciudad sobre la cual fue lanzada la primera bomba atómica el en el año 1945, produciendo el mayor holocausto sobre la tierra. Otra calle es la llamada OSAKA, por la ciudad de Japón, capital de la provincia de su nombre en la isla de Honshu y por último la calle TOKIO, en honor a la ciudad capital del Japón y de la prefectura de su nombre.

Para el 150° aniversario de la Revolución de Mayo, la AJA donó una linterna de piedra a la Ciudad de Buenos Aires, en representación de todas las entidades japonesas. Esta Farola Japonesa, Kasuga, de piedra hecho en Japón, se emplazaría en el bosque de Palermo, pero al ser las donaciones de dinero muy inferiores a lo previsto, la ceremonia inaugural se celebró el 14 de febrero de 1963, casi tres años después de la fecha patria.

Otro aporte de la colectividad japonesa en este sentido, es el Monumento a la Inmigración, ubicado en la Av. 9 de Julio y Paraguay. Éste fue hecho por un artista argentino, hijo de un nissei (japonés). Otras de sus obras se encuentran en el Centro Okinawense y otra en el Centro Cultural San Martín. En 1970 la Embajada de Japón donó un Reloj Solar a la Ciudad de Buenos Aires. Esta obra realizada por Yabashi Toki Taro, fue ubicada en el Planetario Municipal.

Curiosidades

La tintorería nada tiene que ver con Japón. La realidad es que quienes descubrieron la veta la fueron pasando de boca en boca. Fue muy característico de los japoneses apadrinarse los unos a los otros en el desarrollo laboral.

Los japoneses, pioneros en Floricultura, fueron quienes impulsaron la producción de flores tradicionales como el clavel, la rosa, el crisantemo y el gladiolo, como también otras flores como lisianthus, lilium, aster, jazmín, limonium, fresia y azucena.

Okimura, nacido en 1901, arribó a la Argentina en 1927. Este inmigrante de gran cultura literaria, tradujo al japonés obras maestras de la literatura gauchesca: el Martín Fierro y Don Segundo Sombra.

Ver fuentes consultadas

Memorias de Inmigrantes I, Dirección General de Relaciones Institucionales, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Monumentos y Obras de Arte en el Espacio Público. Colección cuadernos educativos, Buenos Aires, Comisión de Preservación del Patrimonio Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2001.
Nogués, Germinal, Buenos Aires, ciudad secreta, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2003.
Piñeiro, Alberto Gabriel, Las calles de Buenos Aires. Sus nombres desde la fundación hasta nuestros días, Buenos Aires, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaría de Cultura, Gobierno de Buenos Aires, 2005.
Piñeiro, Alberto Gabriel, Barrios, calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires. Origen y razón de sus nombres, Buenos Aires, Patrimonio e Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaria de Cultura, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, s/f.
“Todo es Historia, En la Escuela”, Suplemento de Ciencias Sociales para docentes de EGB y Polimodal. Suplemento Nº4, abril del 2000
Centro Okinawense en la Argentina, Okinawenses en la Argentina: 90º aniversario de la inmigración. Buenos Aires: Centro Okinawense en la Argentina. Buenos Aires, 1999.
FANA (Federación de Asociaciones Nikkeis en la Argentina) Historia del inmigrante japonés en la Argentina, Tomo I, Período de Preguerra. Buenos Aires, 2004.
FANA (Federación de Asociaciones Nikkeis en la Argentina) Historia del inmigrante japonés en la Argentina, Tomo II, Período de Posguerra. Buenos Aires, 2005.

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